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Mathilde Briolant

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La voluntaria que, vendiendo manillas en Alemania, apoya la educación de los niños de Unguía (Chocó)

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Mathilde Briolant

Es una joven que, gracias a un intercambio académico que realizó en 2018, llegó a la ciudad de Bogotá, donde realizó estudios en la Universidad Nacional de Colombia. En su estadía en Colombia, Mathilde conoció a Nellysabeth, fundadora y directora de la Fundación Color y Esperanza, y desde entonces tejieron una amistad que las ha llevado en más de una ocasión a coincidir en Chocó, la tierra de Nellysabeth Murillo. Mathilde nació en Alemania y tiene nacionalidad de Francia, país donde realizó su carrera universitaria.

Una tarde bogotana de 2019, tomando café, Nelly le contó a Mathilde sobre su Fundación, sobre sus sueños y proyectos que tenía ahí empeñados, y desde entonces no han dejado de luchar y de trabajar unidas por la educación de los niños de Unguía, Chocó. Para poder contribuir con la educación de los niños, buscaron como recaudar fondos y al mismo tiempo favorecer la economía local del municipio. Esto las llevó al proyecto de “las manillas de la esperanza”.

Este proyecto consiste en llevar un producto hecho a mano, en el municipio de Unguía, más precisamente en el resguardo indígena de Arquía – Chocó, hasta Alemania. De repente, Mathilde y Nelly se vieron metidas en los resguardos, comprando los productos locales para venderlos en Europa y, con los fondos recaudados, continuar soñando con la Fundación Color y Esperanza. Estas finas manillas de perlas de vidrio colorido se vendieron en unos mercados navideños de Turingia, Alemania, la región de Mathilde, y con los recursos recaudados compraron 170 kits escolares que hicieron felices a los niños y niñas del resguardo este pasado febrero. Además de esto hizo unas intervenciones en la radio local “Radio Lotte, 106.6” de su ciudad (Weimar) acerca de este tema, y un periódico local mencionó el proyecto en su columna sobre las “navidades alternativas”.

Mathilde y Nelly esperan poder replicar y multiplicar este proyecto en el futuro, ya que es una forma interesante de favorecer la economía circular, y dar a conocer al mundo las problemáticas de Unguía y de la región del Chocó.